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¿Cómo afecta a la igualdad la existencia de flujos migratorios causados por el clima?

Ainara Egea Elizondo

No cabe duda de que vivimos una época en la que hablar de migración no nos suena extraño, más bien es algo que oímos, leemos y vemos todos los días en los medios de comunicación. De lo que quizá no seamos tan conscientes es de la influencia que tiene el cambio climático en esas migraciones forzadas.

Históricamente, los desplazamientos forzados han venido derivados principalmente de conflictos políticos, pero a estos se unen cada vez más otros causantes como son los factores medioambientales y climáticos.

La evolución del ser humano viene acompañada de pros y contras, y uno de ellos es la crisis climática. Esta viene provocada por la influencia del hombre y derivada de las actividades ejercidas, principalmente, por los países desarrollados. Son múltiples las evidencias científicas que confirman el aumento de la temperatura de la tierra, el deshielo, el aumento del nivel del mar, la falta de agua potable, la disminución de la productividad de los cultivos, la sequía, la desertificación, los desastres naturales, etc. En definitiva, el deterioro medioambiental.

Los países en vías de desarrollo son los más afectados y dentro de ellos, la población más vulnerable es la que menos recursos económicos tiene. Es esta parte de esas sociedades la que se ve obligada a desplazarse ya sea internamente (dentro del país) o externamente (huyendo a otros países con más posibilidades económicas), viéndose en todo caso desprotegidos jurídicamente. 

La desigualdad de género, crítica en el conflicto climático

Son muchas las organizaciones, entre ellas OIM y ACNUR, que vaticinan que serán decenas de millones de personas las que en las próximas décadas abandonarán sus hogares a causa del cambio climático. Este fenómeno desolador está preocupando y ocupando a multitud de organizaciones a nivel mundial, pero todavía no es visible en las agendas de los países más desarrollados aún dándose la circunstancia de que millones de personas ya estén migrando forzosamente en busca de seguridad y protección en nuevos destinos.

La migración siempre ha venido acompañada de una situación de desigualdad a la que se enfrentan hombres y mujeres, y por supuesto, esta también existe cuando se trata de migraciones forzadas por el cambio climático. La desigualdad de género está presente, haciéndolo más complicado si cabe, para las mujeres. El Banco Mundial, Greenpeace y la ONU coinciden en que el impacto del cambio climático no solo tiene el poder de aumentar la pobreza, y como consecuencia, las migraciones forzadas, sino que también la desigualdad de género.

Son muchas las ocasiones en las que las mujeres se quedan a cargo de los bienes y las obligaciones familiares, cuando los hombres afrontan la migración como solución a una situación de pobreza extrema. Ellas asumen el papel de mantener, cuidar, velar y sostener a los miembros de la familia, afrontándolo con una escasez de recursos determinante.

No solo se da este hecho cuando deciden no migrar, sino que también se presenta la desigualdad de género cuando las mujeres toman la decisión de iniciar un camino forzado en búsqueda de nuevas oportunidades en otras zonas para escapar de la pobreza, de conflictos, de la devastación y en busca de la mejora de sus medios de vida. 

Las mujeres realizan el 66% del trabajo del mundo y producen el 50% de los alimentos, pero solo reciben el 10% de los ingresos y poseen el 1% de la propiedad.

Naciones Unidas,

La consecuencia de que ningún país del mundo garantice la igualdad económica entre hombres y mujeres es conocida como feminización de la pobreza, que hace que las mujeres sufran mucho más los efectos causados por el cambio climático y la migración como solución al mismo, encontrándose menos favorecidas y más vulnerables en el destino elegido.

En la actualidad, se calcula que la mitad de todas las personas que han abandonado sus lugares de origen son mujeres, y estas han sido protagonistas de este fenómeno de manera constante a lo largo de los años, desplazándose cada vez de manera más independiente.

Aún así, las muchas barreas culturales, económicas y sociales todavía se presentan como muros difíciles de derribar. Las mujeres migrantes se exponen a una doble vulnerabilidad, por migrantes y por mujeres, y en muchas ocasiones se les ha considerado como migrantes de segunda, al amparo de sus parejas o como meras gestoras de la unidad familiar.

¿Y podemos hacer algo?

Pues sí, sí que podemos, y además, debemos. Debemos marcarnos como objetivo, haciendo partícipes a gobiernos, instituciones, organizaciones, empresas y ciudadanos; que la brecha de la desigualdad de género cada vez sea menor porque así irá desapareciendo la feminización de la pobreza. Esto a su vez, hará que los flujos migratorios no se vean enturbiados por la desigualdad de género.

Tenemos que poner más empeño en aplicar medidas que reduzcan los efectos nocivos del cambio climático porque, entre otras, evitaremos las migraciones forzadas de miles de personas que no tienen otra solución. Debemos mostrar interés y dedicación por ello, aplicando medidas que reconozcan las necesidades diferenciadas de hombres y mujeres migrantes.

Además, debemos garantizar que se aplican sin restricciones, asegurando que la brecha por discriminación de género cada vez es menor, hasta conseguir que esta desaparezca. Y, sobre todo, tenemos que garantizar que las migraciones forzadas por el cambio climático no vulneran la aplicación efectiva de los derechos humanos.

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