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Entender la emergencia climática: ¿cuáles son las causas y consecuencias de este problema?

Teresa Castrillo Guadaño

A lo largo de la historia el planeta ha experimentado cambios en el clima de manera natural. Estos ciclos se producían de forma gradual, concretamente durante millones de años. Sin embargo, la actividad humana ha acelerado el proceso, generando alteraciones con una frecuencia e intensidad extremas.

Esto es lo que consigue que el cambio climático sea un problema de actualidad que nos afecta a todos, y debemos hacer algo al respecto antes de que sea demasiado tarde. No pretendo decir que estamos a tiempo de eliminarlo, pero sí de reducirlo.

Lo que hacemos marca la diferencia, y todavía depende de nosotros elegir cuál es esa diferencia. Cada minuto cuenta.

Manifestaciones de un clima extremo e inestable que sacude el mundo por completo.

El viernes 31 de diciembre de 2020, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) dio el primer aviso de lo que se avecinaba en el próximo año: una potente borrasca que se aproximaba a Canarias y que descargaría nieve por la Península. Esta recibió el nombre de “Filomena”. Su magnitud fue desproporcionada, y esto causó a todos cierta sorpresa.

El viernes 8 de enero de 2021 la población española continuaba haciendo vida normal, sin pensar en lo que este fenómeno podría causar en las calles. La valoración del riesgo, la comunicación a la población y el despliegue de recursos fueron insuficientes: centrándonos en la capital, la borrasca fue catalogada como la “nevada del siglo”. Aproximadamente 50 centímetros de nieve llegaron a posarse sobre las calles de Madrid, paralizando cualquier medio de transporte y colapsando el territorio durante varias jornadas.

Sucesos como este vienen dándose en nuestro país mientras observamos atónitos. Como hace dos años, cuando desaparecía el delta del Ebro por culpa de la borrasca “Gloria”. Y es que las olas de frío y otros fenómenos extremos también suceden por consecuencia de las variaciones climáticas, aunque tendamos a asociar el cambio climático con las olas de calor.

El problema está ahí, aunque muchas veces preferimos no verlo.

No es casualidad que nos encontremos en esta situación. Existen diversos factores que han provocado esta catástrofe mundial. Si se tuviese que señalar a alguien, tendría que ser a todos y cada uno de nosotros. No existe un único culpable. Las consecuencias son globales porque la culpa también lo es.

Pero el enfoque no debe centrarse en buscar al culpable, sino en hallar un remedio, y para eso es imprescindible analizar las causas que nos han llevado hasta aquí.

La principal causa del calentamiento global es la emisión de CO2, entre otros gases, que en su conjunto reciben el nombre de gases de efecto invernadero. El dióxido de carbono procede de la combustión del carbón, petróleo y gas de las centrales eléctricas, los automóviles y las instalaciones industriales. El aumento de estas emisiones genera lo que se conoce como calentamiento global.

Pero te repito que no debes buscar a un culpable sin pensar en ti primero. Una persona como tú y como yo emite de media 0,37 toneladas de dióxido de carbono al año. Sabiendo que la población mundial actual es de 7.993 millones de personas, aproximadamente generamos 2,96 Gt (miles de millones de toneladas) al año.

Me gustaría hacerte una pregunta. ¿Sabías que tu ordenador emite entre 50 y 200 gramos de CO2 por uso, y que toda la actividad que realizas en Internet genera tantas emisiones de este gas como el sector de la aviación? Si no hacemos algo a tiempo, la temperatura de la atmósfera podría aumentar entre 2 y 4 grados a mediados de este mismo siglo. Puede que te parezca insignificante, pero es la variación más alta de estos últimos 1.000 años.

Este problema se combina con la deforestación, cuyo impacto se produce en una escala global. Las plantas pueden transformar el dióxido de carbono en oxígeno. Si en vez de cuidar nuestros bosques los eliminamos, la concentración de este gas en la atmósfera no hará más que aumentar.

El informe “The Carbon Majors” señala que tan solo 100 compañías son responsables de más del 70% de las emisiones de GEI globales lanzadas a la atmósfera entre los años 1988 y 2015. Todas salvo una se dedican a la industria de los combustibles fósiles, ya sean petroleras, energéticas o empresas extractivistas de carbón y/o gas. Coincide que la primera en el ranking sea la corporación que más beneficios obtiene del mundo: Saudi Arabian Oil Company (Aramco), petrolera estatal saudí controlada por la familia real del país arábigo.

A costa de la contaminación, se generan los mayores beneficios económicos del mundo.

Según Acciona, cada persona que vive en Europa genera más de un kilo y medio de basura al día. El 60% de esta son envases y bolsas de plástico, generalmente de un solo uso. Esto demuestra que está en nuestras manos controlar la reducción de residuos. Nuestra responsabilidad a la hora de actuar es de vital importancia.

Todas estas causas e infinitas más generan consecuencias irreversibles, que analizaremos a continuación.

El principal problema del cambio climático es la aparición de fenómenos meteorológicos extremos más frecuentes e intensos, que generalmente afectan a poblaciones desfavorecidas. Esto produce lo que se conoce como migraciones climáticas.

Mientras que las zonas desarrolladas del planeta son las principales causantes del cambio climático, las consecuencias devastadoras que este produce son sufridas por las zonas subdesarrolladas, desde donde deben desplazarse a otros lugares de manera involuntaria y forzada. El desarraigo y la pobreza son obstáculos que experimentan a diario.

Pero si los humanos ya se ven destinados a sufrir, los animales tampoco son menos. Acciona demuestra de nuevo que el cambio en los ecosistemas y la desertificación provocan la muerte de entre 10.000 y 50.000 especies cada año. Por ejemplo, la acidificación de los océanos provoca la muerte y enfermedad de peces, algas y derivados organismos submarinos.

Podría enumerar miles de consecuencias y problemas, pero prefiero centrarme en buscar soluciones para hacer frente a lo que puede destruir nuestro planeta si no hacemos algo para impedirlo.

Es importante no apartar la mirada ante la realidad.

Lejos de situarnos como víctimas pasivas, los jóvenes nos encontramos muy implicados en la búsqueda de una solución al cambio climático. Miles de manifestaciones encabezadas por nuestra generación se realizan sin cesar.

Un claro ejemplo de ello es la huelga organizada en Viena el pasado 25 de marzo de 2022, que reunió a jóvenes de todo el mundo en el Día Global de la Acción Climática. Esto demuestra que mostramos interés por lo que nos afecta, y que queremos hacer algo al respecto.

Para actuar de forma correcta, nuestro diálogo debe tener un enfoque específico que cale en la sociedad y nos ayude a cambiar. Está bien mostrar datos que demuestran la gravedad del problema, pero es importante no enfocar nuestro diálogo a las quejas, sino a las propuestas. Los datos pueden ser investigados por todos, pero las propuestas de cambio todavía dan un paso más.

En segundo lugar, se debe siempre proponer en lugar de imponer. Las imposiciones causan en la mayoría de los casos desacuerdos que derivan en conflictos. La población necesita recibir un discurso útil y aplicable en sus vidas, por lo que cabe destacar la división del diálogo en dos bloques: el hecho de concienciar y el de actuar. Porque antes de hacer nada, debemos conocer a fondo el problema y saber cuáles son sus consecuencias.

Por añadido, existen infinitas propuestas que podemos incluir en nuestro diálogo: la implementación de asignaturas en las escuelas relacionadas con la solidaridad ecológica, la organización de viajes para observar de primera mano las zonas afectadas por el cambio climático, testimonios de los habitantes de estas zonas y sus experiencias o incluso enfocar la moda a la sostenibilidad mediante una aplicación que te recompense por la realización de actividades de ayuda medioambiental con la obtención de productos sostenibles.

Actuar siguiendo el ejemplo de los demás es clave. Una acción pequeña realizada por muchos se convierte en un gesto colectivo. La culpa es de todos, pero por eso mismo todos podemos hacer algo para cambiar nuestros hábitos.

Como dijo Ralph Waldo Emerson, poeta y escritor filosófico estadounidense, “la creación de mil bosques está en una bellota”, y los jóvenes la tenemos en la palma de nuestra mano.

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