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La educación para la sostenibilidad, ¿debería extenderse a espacios de educación no formal?

Lucía Castilla

Si nos preguntaran a los jóvenes si alguna vez hemos recibido algún  tipo de educación para la sostenibilidad, la respuesta mayoritaria sería un sí. Todos, en algún momento, hemos tenido una charla en el instituto, una actividad puntual o un intento de concienciación sobre la importancia del problema medioambiental. En cambio, si el foco de la pregunta fuera: ¿ha tenido esto alguna utilidad?, ¿ha provocado un impacto en tu compromiso medioambiental? o ¿crees que hay una  visión de compromiso global en la educación que recibes?, la respuesta sería muy diferente.

Es innegable la creciente preocupación en los últimos años por una educación en sostenibilidad, pero también lo es que hace falta un cambio en la educación para que esta provoque un impacto y, por lo tanto, una respuesta por parte de los jóvenes.

La Educación Ambiental como desencadenante del cambio de actitudes ambientales: debemos cuestionar las normas que nos han llevado a la situación actual si se tienen  verdaderos deseos de contribuir a mejorar la problemática ambiental. 

Javier Benegas

Últimamente me preguntaba acerca de cuáles son los colectivos que deberían recibir una mayor educación para la sostenibilidad y, hace un par de días, tuve la oportunidad de hablarlo con una persona responsable de la gestión  medioambiental en mi ciudad. Le dio una gran importancia a los ámbitos no formales: “cuando llegué, empezamos a dirigir la educación a comunidades de vecinos, asociaciones de mujeres… personas adultas que toman las decisiones del ahora y es importante que eduquemos”, me dijo. Lo primero que se me vino a la cabeza fue que los jóvenes somos, sino más, tan importantes  como ellos, ya que vamos a tomar las decisiones del mañana.

En cualquier caso, poner la importancia de educar a unos por encima de la de otros no nos lleva a ningún sitio. Necesitamos un cambio de visión hacia una educación de cooperación entre todos los colectivos y edades. No sirve de nada una edad adulta que tenga presente el problema si los jóvenes que vamos a mover el mundo mañana no estamos totalmente concienciados de este; así como no sirve de nada una juventud motivada al cambio, si la población que más consume ahora mismo no la escucha.  

Para inculcar un espíritu de cambio a los jóvenes necesitamos una educación que nos llegue, un mensaje que nos impacte e ideas que nos interesen y nos muevan.  

¿Y qué está fallando en nuestro sistema?

La educación para la sostenibilidad busca generar métodos educativos abarcando distintos movimientos: la educación ambiental, económica, global, multicultural, para la conservación… Todo esto para provocar un cambio significativo en nuestras actuaciones y pensamientos. Es decir, tiene un carácter interdisciplinar y es un proceso para la formación en la toma de decisiones a largo plazo, sin olvidarse de aquellas que tomamos diariamente y que cuentan con un impacto indirecto pero fundamental. 

Debido al carácter interdisciplinar de la Educación para la Sostenibilidad, resulta difícil su aplicación en el sistema educativo actual. Los docentes, en la mayoría de casos, no poseen las habilidades suficientes para impartirla correctamente, debido a lo tradicional y específico de nuestro sistema. Dicho de otro modo, en las aulas no encontramos una visión global ni una relación entre los conceptos estudiados. Esto necesita cambiar.

La formación actual le da una mayor importancia a la competencia y desarrollo individual, mientras que la cooperación y la implicación con las cuestiones de nuestro entorno pasan a un segundo plano. El éxito de las medidas tomadas ante esta situación es bastante relativo. Los intentos de los gobiernos para coordinar esta tipología educativa solo han logrado escasos programas de calidad con un impacto insuficiente. Como consecuencia, nos encontramos con una población poco preparada en colaboración y activismo como para que se provoque un cambio de tendencia mundial.

Es absolutamente vital que todos los ciudadanos del mundo insistan en medidas que apoyen un tipo de  crecimiento económico que no tenga repercusiones perjudiciales para las personas, para su ambiente ni para sus condiciones de vida.

Carta de Belgrado (1975)

Es más, podríamos evaluar este “fracaso” simplemente con ver lo que se manifestó en este documento internacional, centrado en una educación para conseguir una mejora ambiental, que demandó cambios casi 50 años atrás que hoy por hoy están lejos de haberse conseguido. 

Así, la educación para la sostenibilidad no posee el carácter de formación continua que precisa. Las instituciones encargadas del currículum escolar deberían apostar por cuestiones globales que nos impliquen y afecten, necesitamos a toda una ciudadanía consciente que reciba formación tanto para la conservación e implicación con su entorno, como para su propio beneficio y el ahorro en el consumo.

El papel de la educación no  formal y el imprescindible apoyo de los medios de comunicación y las redes sociales

Está demostrado que la formación extraescolar provoca un mayor movimiento y despierta más interés que la formal, al menos de la forma en la que hasta ahora se ha planteado. Por eso la prensa, los documentales, las plataformas digitales… tienen el poder de llegar a la población y crear un impacto significativo. Tienen la capacidad de analizar nuestros gustos e intereses, y cambiarlos influyendo en ellos para que se promueva el activismo y la cooperación intergeneracional.

La idea de “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos” ya se presenta en el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 4. Si bien, la única manera de generar una acción tan necesaria como es la lucha por la sostenibilidad y la conservación de nuestro entorno es que todos cambiemos nuestro punto de vista y nuestro pensamiento acerca del problema. 

La magnitud de este problema deriva en que ahora mismo hay una gran parte de la juventud que no sabría cómo desarrollar una etapa vital adulta de forma sostenible y, mucho menos, se vería implicada en iniciativas o movimientos para la acción colectiva por el clima. Dicho de otra forma, el pensamiento global tiende a no estar muy presente en la ciudadanía, y quizá la educación no formal tenga la oportunidad de cambiar esta realidad.  

En esta sociedad de continuo cambio y creciente protesta y movilización, el tiempo libre de la juventud y de la población en general se plantea como la oportunidad perfecta para introducir iniciativas para la acción y el progreso. Precisamente estas suelen contar con una mayor repercusión e influencia en nuestro pensamiento. 

La educación no formal cuenta con la ventaja de renovarse y adaptarse más rápido a los cambios que el mundo experimenta constantemente. El concepto tradicional de educación está evolucionando, y los modelos no formales poseen una mayor agilidad para adaptarse a nuevos métodos, más acordes a lo que demanda la juventud y eficaces con el resto de la ciudadanía, para que se llegue al punto deseado de cooperación y concienciación global. 

La educación que queremos los jóvenes

Aquellos que tienen el poder y las herramientas necesarias para aplicar métodos que impacten de una forma eficaz y que lleguen a los distintos colectivos de la sociedad, deben tener la responsabilidad de aplicarlos. Dada la situación actual, la gravedad del problema y la necesidad de una respuesta coordinada, la educación para la sostenibilidad debe extenderse a todos los ámbitos y formas posibles.  

Queremos una educación que nos ayude a identificar procesos, patrones, relaciones y contextos, en lugar de centrarse en los hechos, las definiciones o los contenidos. Una enseñanza global que no olvide la importancia de lo local, y sobre todo, que nos incite y brinde una mayor participación en la toma de  decisiones… incluyendo en las referentes a nuestra enseñanza. Solo así seremos capaces de crecer juntos como sociedad, fomentando un desarrollo inclusivo y siendo siempre conscientes de las consecuencias de nuestros actos. 

Es necesaria una educación que no tenga como único propósito la adquisición de conocimientos para conseguir un trabajo, sino que se preocupe por la conciencia del alumno sobre sí mismo y lo que le rodea, para que posteriormente modifique lo que considere necesario. 

Pero no podemos cambiar esto solos. Los jóvenes llamamos a la acción para la coordinación y cooperación de todos los sistemas educativos, con el fin de ayudarnos a alcanzar una madurez personal, un pensamiento crítico, y unas habilidades sociales y profesionales. Un sistema que nos permita que nuestros intereses y peticiones sean escuchados y tomados en cuenta. Así como a tomar mejores decisiones de forma consciente y responsable. 

En definitiva, es necesaria una “educación para la acción” que despierte un interés para movilizarnos por el cambio y ofrezca oportunidades para implicarnos en la lucha por las distintas causas sociales. Una educación en sostenibilidad que se extienda a todos los ámbitos para que en todas las áreas esté presente una visión interdisciplinar y global, que visibilice y que llegue a todos los colectivos, para movilizar masas que rompan barreras y promuevan la cooperación intergeneracional y mundial para hacer de este un mundo más justo. 

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